jueves, 27 de abril de 2017

Estoy embarazada, ¿ahora qué?

¡¡Tranquilos!! ¡No estoy embarazada! Pero si tú que me lees lo estás:
¡Enhorabuena!

estoy embarazada
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Cuando nos enteramos que estamos embarazadas, nos empezamos a hacer un montón de preguntas, sobre todo si es nuestro primer bebé.

¿De cuántas semanas estoy? ¿Cuándo voy a dar a luz? ¿Cuándo debo ir al ginecólogo? ¿Cuándo sabré si es niño o niña? ¿Cómo debo cuidarme?

Si estás embarazada del segundo, del tercero o ¡del cuarto!, seguro que te has dado cuenta, que las dudas vuelven a aparecer, vuelves a tener incertidumbres, no sabes si te vas a sentir capaz de volver a dar a luz, incluso te entra cierta congoja pensando si vas a querer igual  a este bebé como al primero. Y yo te digo, ¡claro que sí! Igual o mucho más. Las madres tenemos amor para todos los hijos que tengamos, porque cada uno es especial y se hace querer incondicionalmente.

Pero hoy no quiero daros este tipo de información, para la cual ya hay mucho escrito. Con este post quiero comenzar a acompañaros en esta preciosa etapa de vuestra vida que es la maternidad.

Si tienes un buen embarazo quizás todavía no te hagas a la idea que hay un bebé creciendo en tu interior, pero en ti ya se están produciendo muchísimos cambios.
Si tienes los malestares propios del embarazo, quizás estés pensando que no es tan maravilloso como te lo contaban. Es normal que el primer trimestre se presente algo molesto con náuseas, vómitos y mucho cansancio. Lo necesario es aceptar los cambios que se están produciendo en ti (por dentro y por fuera) y que también afectan a tus emociones. A veces te sentirás pletórica y llena de energía y otras, agotada y sin fuerzas. Es importante que disfrutes de esta maravillosa etapa y que te cuides para cuidar a tu bebé. Aunque tú todavía no le sientas, él siente todo lo que te sucede a ti. Y si tú no estás bien, él tampoco lo está.

Cuidar tu salud, tu alimentación, llevar un estilo de vida saludable, hacer ejercicio, seguir con tus hobbies y descansar cuando lo necesites (porque el embarazo da sueño, mucho sueño), siempre es recomendable, porque te hará sentir bien. Pero no podemos olvidar cuidar nuestra salud mental, porque nuestros estados de ánimo y emociones en estos momentos serán tan cambiantes como nuestras hormonas.

Embarazo y salud mental
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Conectarte con tu bebé, hablarle, acariciarle y comenzar a hacerle partícipe de tu vida y de las cosas que suceden a vuestro alrededor es fundamental y muy beneficioso para que comencéis a crear el vínculo entre vosotros y él se desarrolle de forma adecuada. La vida prenatal es fundamental para un desarrollo óptimo del bebé, tanto en el embarazo como cuando crezca y desarrolle su personalidad.

Pero durante el embarazo, el postparto es el gran olvidado; parece que no tenemos que pensar en él hasta que no llegue, sin embargo, también tenemos que estar preparadas para ese momento. Tras dar a luz, todas las madres al llegar a casa con nuestro bebé, nos sentimos desvalidas y solas ante el peligro; ya no tenemos cerca al personal sanitario para que acuda cuando le necesitamos. Y el postparto no se acaba con la cuarentena, sino que dura, por lo menos, el primer año de vida de nuestro bebé. Cuarenta días no son suficientes para recuperarnos de todos los cambios físicos, hormonales y emocionales que vivimos en el embarazo y el parto.

Ser consciente de lo que te espera en la maternidad es importante. Durante el embarazo puedes aprovechar a leer y buscar información sobre lo que te espera en el postparto, la lactancia, la crianza, el sueño.

Hablar con otras mamás embarazadas o que ya tengan hijos te permite compartir experiencias, dudas y emociones; pero ¡CUIDADO! hay un “virus” que hace que muchas madres tiendan a desanimarte y a contarte sus malas experiencias. Sé educada y transmíteles que no escuchas consejos no solicitados. Malas experiencias hay muchas, pero la mayoría son buenas. Tienes que estar informada de los cambios que se van a producir en tu cuerpo y en tu bebé, de lo que sucede en un parto, de los problemas de lactancia y las noches sin dormir. Pero no busques información indiscriminadamente. Haz selección y busca fuentes fiables. Lee lo justo y lo que te ayude. Ya sabes que hay opiniones para todo y que ni siquiera nuestros embarazos y partos son todos iguales, así que no te agobies y vive tu propio embarazo y crianza día a día.

Rodéate de gente que te ayude en lo cotidiano y en tus necesidades concretas. Algunas mamás buscan ayuda de profesionales como doulas o asesoras de lactancia. Tener cerca alguien con experiencia y conocimientos específicos que te aporte tranquilidad, cercanía y confianza es de gran ayuda, sobre todo los primeros meses en los que pueden presentarse mayores dudas y dificultades.

Esta etapa no se repite muchas veces (o sí… ¿quién sabe?) por eso, 
¡DISFRUTA DE CADA MOMENTO! Déjate cuidar y mimar. 
¡Pronto tendrás un bebé precioso en tus brazos!

La maternidad es un viaje que acaba de comenzar y serás madre toda la vida.
¡Una madre maravillosa!



Algunos libros IMPRESCINDIBLES:
Amar con los brazos abiertos, Carmela Baeza
Un regalos para toda la vida, Carlos González
Bésame mucho, Carlos González
Dormir sin lágrimas, Rosa Jové

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jueves, 23 de marzo de 2017

¿Puedo acompañar a mi hijo durante un tratamiento médico?

Tengo la suerte de que nunca les ha pasado nada realmente grave a mis hijos. Un par de brechas con puntos y dos pequeñas operaciones es lo más grave por lo que hemos tenido que pasar.
Tengo bastantes amigos que son médicos y enfermeras de distintas especialidades (empezando por mi hermana) y que son grandes personas y profesionales. Aprendes de ellos que los pacientes no somos una amigdalitis, una rodilla o un problema de riñón. Detrás de esa dolencia hay una persona con sentimientos, y hay que tratarla por lo que es, por su necesidad interior más allá de quitarle el dolor físico. A todos nos gusta que nos traten con respeto y delicadeza, especialmente cuando no nos sentimos bien.
Los niños también saben esto. También saben cuándo son bien tratados. Y si ver a un señor/a con bata, gorro y mascarilla impacta un poco, si esa persona enmascarada te trata bruscamente o te separa de tus padres no te genera ninguna confianza. No creéis que los niños se preguntarán: ¿Si vengo al médico para que me cure y me ayude por qué me hace daño y me trata mal?
Parece que los adultos ya estamos acostumbrados (por no decir anestesiados) ante este tipo de comportamientos, pero ¿cómo os sentiríais vosotros si dos hombres desconocidos bastante más grandes que vosotros os inmovilizaran para que una tercera persona os pinchara u os cosiera unos puntos sin anestesia? Yo seguro que gritaría y, si pudiera, saldría huyendo. Sin embargo, a los niños les obligamos a aguantar y les alentamos diciendo “tranquilo no pasa nada”. ¿De verdad os lo creéis cuando lo decís? Yo no. Y a mis hijos les han cosido así los puntos de las brechas. Demasiado brusco y violento, la verdad.
Si encima tenemos que ingresarles para realizarles alguna prueba, tratamiento o cirugía el sufrimiento es mucho mayor para los niños y para los padres porque en ocasiones tenemos que separarnos de ellos, con la excusa de que es lo mejor. ¿Lo mejor para quién?

¿Pensamos alguna vez qué sienten y piensan los niños? 
¿Les hemos preguntado alguna vez?

Hace una semana han operado a mi segundo hijo del frenillo lingual, una pequeña cirugía por la que no ha tenido que quedarse ingresado. Es una intervención muy sencilla y rápida, pero en la que es necesaria anestesia general. Lo cual implica realizar un preoperatorio y sufrir las consecuencias de la anestesia.
Acompañar en tratamientos médicos infantiles

Yo quería estar a su lado todo el tiempo que fuera posible, porque si tenemos miedo los adultos cuando nos enfrentamos a una operación, ¿cómo no van a tener miedo los niños? En una situación así lo que todos necesitamos es tener cerca a alguien que nos quiera y nos dé seguridad, no vale que intente tranquilizarnos cualquiera.
Afortunadamente hemos podido estar con él hasta que ha entrado en quirófano, y mi hermana, que es enfermera, ha estado con él en el quirófano hasta que se durmió (una ventaja que no tienen la mayoría de las familias). Aunque, a mi parecer, a los niños se les debería poder anestesiar acompañados de uno de sus padres. Así se dormirían y se despertarían al lado de alguien conocido y sería lo menos traumático para ellos.
Una vez realizada la intervención, nos han informado los cirujanos y han dejado entrar a uno en reanimación. Mi hijo ya estaba despierto, dolorido y un poco asustado, pero que yo pudiera estar con él le tranquilizaba. Había una zona con cuentos y juguetes. Leímos varios cuentos y le di un pequeño regalo que teníamos para él por ser tan valiente hasta que nos llevaron a la zona del hospital de día, donde continúa la reanimación hasta que te puedes ir a casa.

Me alegró ver que dejaban pasar a una persona para acompañar a los niños, porque cuando despiertan llenos de dolor lo que quieren es poder tener cerca a mamá o papá para que les dé consuelo.

derechos del niño hospitalizado

En los momentos más importantes para nuestros hijos, los padres tenemos el derecho y el deber de estar a su lado. Y el personal sanitario de dejarnos. Tenemos que estar de forma discreta, sin molestar y dejando a los médicos y enfermeras trabajar. Cada uno sabemos cómo somos, y si somos aprensivos y no podemos ver cómo intervienen a nuestros hijos (aunque sea una simple analítica o vacuna), debemos mandar a otra persona de la familia que sí pueda acompañarle en ese momento. Es cierto, que hay momentos críticos y casos aislados en los que no es posible nuestra presencia, pero la realidad es que la mayoría de las veces no hay una razón suficiente para que un niño tenga que ser separado de sus padres.

derechos del niño unicef

Os cuento esto para que sepáis que es posible estar al lado de vuestros hijos cuando les tengan que hacer pruebas médicas u operar, porque según los derechos del niño hospitalizado (redactados en la Carta Europea de los derechos del niño hospitalizado), el niño tiene el derecho a:
  • Estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya el mayor tiempo posible durante su permanencia en el hospital, sin obstaculizar la aplicación de los tratamientos necesarios para el niño.
  • Ser tratado con tacto, educación y comprensión y a que se respete su intimidad.
derechos del niño unicef

Aunque todavía quedan muchos hospitales donde las UCIS tienen horarios de visitas restringidos y los padres no siempre son bienvenidos, las cosas están cambiando. Se ha aprendido a escuchar a los padres y con educación y respeto podemos pedir y conseguir quedarnos cerca de nuestros hijos, porque separarnos nunca es lo mejor, para nadie.
Los médicos tienen un papel fundamental y hay que dejarles hacer su trabajo, pero nadie como los padres, (ni el médico, ni el enfermero mejor del mundo), puede aportar a los niños el cariño, la seguridad y la tranquilidad que necesitan en esos momentos.

¿Cuál es vuestra experiencia? 
¿Os han dejado estar con vuestros hijos cuando les han realizado alguna prueba médica?

¡Déjanos tu comentario!

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Fuente:


domingo, 19 de marzo de 2017

¡Yo soy tu padre!

Hoy el testimonio nos lo da un gran padre. ¡Gracias por ser como eres! 

Vaya por delante que escribir no es una de mis aficiones, de hecho confieso que me cuesta bastante esfuerzo ponerme frente a una hoja en blanco y plasmar en ella mis experiencias o mis sentimientos. 

Y entonces… ¿qué hago escribiendo en un blog sobre maternidad y crianza? 

La respuesta es bien sencilla: el amor todo lo puede. Mi mujer es la causa y el origen de todo esto, y no me refiero únicamente a esta pequeña colaboración en su blog, sino a la apasionante e increíble aventura de la paternidad. 

Si alguien me hubiera preguntado hace 10 años qué es para mí la paternidad, habría contestado de una forma muy distinta a como intentaré hacerlo ahora, y es que, por mucho que todos tengamos una idea de lo que es ser padre, hasta que no te encuentras frente a un frágil bebé de poco más de 3 kg de peso, que antes no existía y ahora es “tuyo”, no sabes lo que se siente al ser padre.


testimonio padre caminaré

La paternidad tiene la capacidad de hacer brotar en nosotros un montón de sentimientos y emociones, de sueños y deseos, pero también miedos e inseguridades, que quizás siempre habían estado ahí y que estaban obstruidos o simplemente aletargados tras las corazas y parapetos que construimos para lograr esa quimera de ser autosuficientes, independientes, inmunes y de poder tenerlo todo bajo control. Pero cuando eres padre, si eres mínimamente sincero contigo mismo, se te vienen abajo todas esas falsas imágenes de superhombre que tiene que dar siempre la talla, dicho de forma más coloquial, “se te vienen abajo los palos del sombrajo”. Y es que, frente a un hijo, una pequeña criatura que depende de ti, se siente una desproporción y una inadecuación tan grandes que sólo tienes dos alternativas: o te abandonas o lo abandonas. Me explico, creo que no existen medias tintas en esto de la paternidad, o te das por completo, con todas tus limitaciones e incoherencias, que evidentemente no van a desaparecer de repente, o te das a la fuga, bajo las mil y una modalidades de ser padre biológico dejando a tu hijo “huérfano de padre vivo”. Y hay que elegir, porque no hacerlo ya es una forma de mirar para otro lado.

En mi experiencia, ser padre ha supuesto, y supone, una motivación constante a vivir, y no de cualquier manera, sino a vivir consciente e intensamente todas las cosas, sin renunciar a ser cada día un poco más feliz, porque ¿qué tipo de vida puedo desear para mis hijos si no la vivo, o al menos la deseo, primero para mí?. 

Con la paternidad se despiertan muchas preguntas, preguntas que en ocasiones no tienen respuesta, preguntas que te abren la mirada, te ayudan a estar más despierto y te ponen en movimiento. ¿Qué puedo ofrecer a mi hijo?, ¿cómo educarle?, ¿qué necesita?, etc. Con la paternidad también surgen miedos y dudas que te reclaman a profundizar y madurar en las certezas sobre las que poder construir tu vida y la de tu familia. 

Creo que no hay mayor regalo que un padre pueda hacer a sus hijos que permitirles crecer en un hogar construido sobre una base sólida, una especie de campamento base desde donde poder emprender las expediciones hacia las cimas más altas de la vida. Para mí, ese lugar es mi matrimonio, vivido como camino de realización personal y como lugar donde encontrar la paz y el amor que necesito para afrontar de la mejor manera posible el reto exigente, agotador y a la vez maravilloso de educar a mis hijos.

Regalo padre a hijos caminaré

Tengo tres hijos que son una verdadera bendición y aunque en muchas ocasiones pierda la paciencia y piense que no soy un buen padre para ellos, no dejo de desear aprender a quererles cada día más y mejor. Quiero disfrutar viéndoles crecer, y espero que mis errores y equivocaciones no sean un lastre, porque tengo experiencia de que, incluso eso, puede convertirse en una ocasión para crecer y madurar. Cada vez soy más consciente de que necesito a mi familia tanto como ellos me necesitan a mí, y estoy convencido de que juntos podremos seguir caminando, pase lo que pase, hasta el infinito y ¡¡más allá!!


Por eso, hoy más que nunca….



¡¡Felicidades papás!!



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miércoles, 8 de marzo de 2017

Mujer, Feminismo, Conciliación e Igualdad

Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer. 

8 marzo mujer

Durante toda la semana se están realizando actos, entrevistas, programas y todo tipo de actividades relacionadas con nosotras, las mujeres, muchas de ellas abanderadas desde  el feminismo. Según la RAE (Real Academia de la lengua Española), “feminismo es la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Aunque  estoy completamente de acuerdo con esta definición,  percibo en la palabra feminismo  cierta connotación negativa y veo un poco beligerantes muchas de las reivindicaciones que se hacen por esta causa. Es cierto que vivimos en  una sociedad en la que ha predominado a lo largo de toda la historia el machismo y el patriarcado y en la que las mujeres hemos sido menospreciadas y dejadas de lado en ciertas esferas de la vida. Por eso, creo que más que lucha por el feminismo tenemos que luchar contra el machismo, pero ir mucho más allá y luchar por el respeto a la dignidad  de todos los seres humanos independientemente de su edad, raza, cultura o religión, porque todos tenemos el mismo valor como personas, un valor  infinito.

Yo como madre de tres varones, siento la responsabilidad de educarles en el valor de la persona en general (y de la mujer en particular), en el respeto y en el diálogo, para poder entender y valorar al otro y no reaccionar contra él. 

Siento la responsabilidad de educar a mis hijos valorando a la mujer por el inmenso tesoro que poseemos al ser capaces de engendrar vida dentro de nosotras y proporcionar su sustento los primeros años de vida.
Tenemos la responsabilidad de educar a nuestros niños para que vean en cada persona un bien, una posibilidad, un regalo. Y tenemos que enseñarles que nuestro valor como personas hace que seamos iguales en derechos y oportunidades.

Sin embargo, a veces luchando por la igualdad corremos el riesgo de olvidarnos de que mujeres y hombres somos diferentes y caer en la mentira de la uniformidad. Somos diferentes genética, biológica, psicológica y emocionalmente, y hay cosas en las que nunca podremos ser iguales por mucho que nos los quieran vender. Pero no hay que ver esto  como un menos, sino como un más. Nos complementamos y nos necesitamos los unos a los otros (aunque tengamos la tentación de ser independientes y autosuficientes).

En el último siglo, las mujeres hemos avanzado y dado muchos pasos, alcanzando grandes metas. Hemos podido estudiar, acceder a la universidad y a puestos de trabajo que antes estaban reservados a los hombres y hemos alcanzado puestos de éxito y liderazgo, demostrando nuestra valía y capacidad.

Pero hemos querido parecernos tanto a los hombres, que ahora, nuestra gran diferencia y principal característica, poder ser madres (dar vida y amamantar a nuestros hijos), es penalizada, percibida como una condena o una esclavitud. ¿Queremos trabajar? Perfecto, pero como hombres. Y si quieres trabajar y ser madre lo vas a tener muy difícil. Las bajas por maternidad no son lo suficientemente largas como necesitaríamos nosotras y nuestros hijos, y si decides coger una excedencia o una reducción de jornada, en muchas empresas eres mal vista o hasta despedida. Y si renuncias a tu trabajo y te quedas en casa eres anticuada y hasta llegan a considerarte un lastre para el “feminismo”.
Tenemos que seguir avanzando para que la maternidad se valore y se proteja. Pero también debe valorarse la paternidad. Los hombres también tienen que conciliar. ¿Cómo les vamos a exigir reparto de tareas y estar con los niños si sus trabajos son de sol a sol?

Penalizar a las familias por tener hijos, de los que depende nuestro futuro, me parece tremendamente injusto. Debemos poder elegir en un marco de igualdad y de posibilidades, con ayudas a las madres y a las familias. Se nos debe dar la posibilidad que merecemos de poder trabajar, pero también de poder estar con nuestros hijos sus primeros años de vida, en el que las madres somos tan importantes (los padres también, pero de diferente manera, aunque no queramos reconocerlo, y esto da para otro post…).

Bajas por maternidad de al menos 6 meses, bajas por paternidad de mayor duración (ambas personales, intransferibles e irrenunciables), horarios flexibles, reducciones de jornadas, teletrabajo, guarderías en las empresas, etc. Porque un trabajador valorado es mucho más productivo y eficaz en su trabajo.


Mujeres de todo el mundo, os felicito por tantos logros, por tantas metas alcanzadas y por todo el camino recorrido (y el que aún tenemos que recorrer); pero que no nos la cuelen con tanta igualdad,  


somos únicas, irrepetibles y 
con un valor inmenso.



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miércoles, 22 de febrero de 2017

¡HORROR! ¡Nos atacan los virus!

Quizás os habéis preguntado por qué llevo varias semanas sin escribir. Y es debido a que los virus atacan y contraatacan sin querer irse de nuestra casa. 
Yo ya sé que en nuestra casa se está muy bien. 
Pero virus: ¡NO SOIS BIENVENIDOS!

Virus caminaré

El blog ha cumplido un año y yo he cumplido 33 en pleno apogeo. Tres semanas en las que no ha quedado títere con cabeza y en las que mamá no acaba de salir para delante. Pero ¡los virus no podrán conmigo!

La semana de mi cumpleaños fue una semana agónica. Una amigdalitis tremenda que me afectó también al estómago, me dejó baldada. A la semana siguiente cayeron los 3 pequeños a la vez. ¿Pero no podían turnarse? NO. ¡Todos juntos mola más! Y yo, que no había conseguido recuperarme del todo, mientras ellos se mejoraban, yo he vuelto a caer. Y aquí estoy una semana después, tomando antibiótico por segunda vez.

Yo que siempre digo que tengo suerte porque casi no me pongo mala… Esta vez no ha habido compasión. No sé qué pasa en vuestras familias cuando mamá cae enferma, pero en la mía, si mamá está mala, siento deciros, la casa se desmorona. Mi marido se esfuerza mucho y hace todo lo que haga falta (a su manera, claro, pero lo importante es que las cosas estén hechas, ¿no?). Pero por mucho que papá se esfuerce y nos ayude, a él no le dan la baja porque mamá esté enferma. Yo no he necesitado baja porque no trabajo fuera de casa; pero aunque a nosotras las madres, nos den la baja por enfermedad, si estamos en casa queremos seguir ocupándonos de un montón de cosas. Bueno, ocuparnos a lo mejor no podemos, pero no nos podemos quitar de la cabeza todas las cosas que están pendientes por hacer.

¿Sabéis lo que es ABANDONARSE? No me refiero a abandonarse diciendo “no puedo más, lo dejo todo como esté y que le den”. NO. Abandonarse como sinónimo de CONFIARSE. Confiar en otro. Confiar en los que quieres. Confiar en que las cosas suceden por algo (bueno). Confiar en que tú no puedes hacer nada frente a tu enfermedad, nada más que cuidarte y dejarte cuidar. 

Yo he tenido que experimentarlo en este mundo exigente y frenético, donde la vida no para y parece que tú no puedes parar y tienes que ser capaz de llegar a las miles de cosas que tienes que hacer y las múltiples responsabilidades que caen sobre ti. Lo experimenté en mi tercer embarazo en el que el sillón me abducía y era incapaz de levantarme del cansancio que tenía; y lo he experimentado estas dos semanas de enfermedad propia y compartida. Y tengo que deciros que cuesta. Cuesta mucho (por lo menos a mí). Cuesta “perder el control” cuando eres exigente y perfeccionista, cuesta dejar que el otro haga las cosas a su manera, cuesta no llegar a todo. Cuesta sentirse poca cosa.

Pero tengo que deciros que he estado contenta. Contenta y agradecida. Simplemente porque estaba (y podía no estar). Porque hay otros que sufren más que yo. Porque me he sentido querida y he sido capaz de ver los regalos que me hacían cada día, esos pequeños detalles que muchas veces no vemos porque damos por descontado. Porque tengo mucha gente que me quiere y que está a mi lado cuando les necesito.

He aprendido que:
no soy imprescindible (aunque me gustaría), 
a dejarme querer (que me encanta), 
a querer por lo que uno es (frágil y poca cosa, pero lleno de amor para dar), 
a disfrutar de las mañanas en la cama (aunque sea sudando la fiebre), 
a disfrutar siestas en el sillón abrazada de tu pequeño que lo único que necesita para sentirse bien es el regazo de mamá (aunque tú quisieras dejarle en cuanto se duerme para seguir haciendo esas miles de cosas que siguen pendientes).


Ternura infinita caminaré

He aprendido (aunque tengo que seguir aprendiéndolo) a disfrutar del momento presente, y no de estar más pendiente de lo que viene después. Porque hay que abandonarse cada día a lo que nos toca vivir, sin renunciar a nuestros sueños y a nuestros proyectos, pero estando confiados de lo que sucede hoy. Confiar en que la vida tiene algo bueno para nosotros, aunque en ese momento no lo veamos nada claro y no lo entendamos. Porque cuando las cosas van bien, todo es perfecto. Pero cuando las cosas no salen como tenemos planeadas, tampoco puede ser todo horrible. Quizás nos espere algo mejor, o tengamos que aprender algo. ¿No creéis?

Sólo queda CONFIAR, tener paciencia y mucho AMOR.


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martes, 7 de febrero de 2017

¿Queréis descubrir nuestra nueva sección?

¡Hoy estoy de cumpleaños! 

Y el mejor regalo es poder disfrutar de un año más de vida junto a mi familia y las personas a las que quiero. Un año para seguir viviendo intensamente, disfrutar de cada pequeña cosa y de cada nuevo acontecimiento.

Para celebrarlo iniciamos NUEVA SECCIÓN: TESTIMONIOS de mamás y papás, en primera persona y como familia, sobre cómo han vivido el embarazo y/o el parto, cómo viven su maternidad o su paternidad, cómo hacen para criar y educar una familia numerosa, cómo vivir la adopción o la acogida...
También podéis escribirnos los abuelos, seguro que también tenéis mucho que aportar.

Compartir nuestras experiencias y aprendizajes es lo más importante que podemos hacer para ayudar a otras personas. 

Esta sección no es posible sin vuestra colaboración. Por eso, escríbenos a caminare.portacta@gmail.com y estaremos encantados de publicar tu testimonio.

Para iniciar esta sección quiero compartir con vosotros el testimonio de Mónica sobre cómo ha vivido ella la llegada de cada uno de sus 3 hijos, cómo fue cambiando su manera de ver la maternidad y qué le ayudó a afrontar las dificultades. ¡Gracias Mónica!

"La verdad es que yo nunca había pensado en ser madre, hasta que me llegó, claro.
La mayoría de mis amigas desde niñas habían tenido el deseo de ser madres, como un “sentimiento maternal” muy arraigado; sin embargo yo no tengo conciencia de ello.
Cuando conocí a mi marido, y me enamoré, él tenía muy claro que quería tener hijos, y a mí me empezó a entrar el “sentimiento maternal”. Nos casamos y me quedé embarazada de mi primer hijo, y fue una sensación ¡tan bonita!, ¡estaba tan feliz!, ¡me encontraba tan bien!. Yo siempre digo que mi estado ideal es el embarazo, porque me siento mejor que nunca.
Pero nació Guillermo y me calló como una losa el peso de la responsabilidad. Sentir que ese niño tan pequeñito e indefenso dependía por entero de mí, me superó. No me sentía capaz de criarlo. A pesar de todo el apoyo de mi marido y de mi familia me sentía muy triste por mi niño, pensaba que había tenido muy mala suerte de tener una madre tan desastrosa como yo, ni siquiera conseguía darle de mamar. Durante el embarazo había hecho un curso de lactancia, y la doctora que lo impartía, Kika Baeza de Raíces, me ayudó un montón con eso. Me sentí muy acompañada por ella y enseguida conseguimos que el niño mamase bien. Aun así continuaba sintiéndome muy torpe y anímicamente muy baja. 
Entonces un amigo que vino a vernos para conocer a Guillermo, me dijo que yo era la mejor madre que mi hijo podía tener porque yo era su madre. Con esas palabras mi mente se desbloqueó y empecé a disfrutar de ese regalo tan inmenso que se me había dado.
Cuando Guillermo tenía dos años nació Iria y dos años más tarde Sonia. A las dos las disfruté desde el principio; siempre teniendo muy presente las palabras que me dijo mi amigo, y la compañía que tanto me ayudó con la lactancia.
Me siento una persona tan afortunada por esos tres regalos ¡tan hermosos!. Es tan desproporcionado que cuando lo pienso me abruma.


Testimonio Mónica Caminaré


No sé si les pasa a todas las madres, pero yo aprendo a ser madre todos los días, día a día con ellos que son los que me enseñan.
La crianza de los hijos es una tarea larga que requiere mucho esfuerzo. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, también económico, que supone tener tres hijos; yo pienso que para muchas cosas es más fácil. Mis hijos necesitan, o al menos reclaman, menos cosas materiales que los hijos únicos de algunos amigos. También son más pacientes y más generosos.


Y continuamos paso a paso con la aventura tan maravillosa de la educación y la crianza".



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domingo, 5 de febrero de 2017

Cumplimos 1 año lleno de nuevos proyectos

Hoy hace un año que comencé esta nueva etapa de mi camino. 
Hoy hace un año de mi primer post. 
Ahora tengo un pedazo de mi vida, de lo que soy, en CAMINARÉ. 

Un año Caminaré

Hoy puedo deciros que tengo más ilusión y más ganas que cuando empecé. Hemos ido creciendo y poco a poco ha ido creando forma, han surgido nuevos proyectos y relaciones y se presenta un año lleno de nuevas ideas, propuestas y colaboraciones. 

¿Queréis saber que se cuece?
*Ampliar el blog con nuevas secciones y colaboraciones.
*Crear un Grupo de Crianza en la zona norte de Madrid (si te interesa y quieres saber más escríbeme a caminare.portalacta@gmail.com)
*Seguir colaborando en el Proyecto Miriam dando talleres y acompañando a las madres en su maternidad y en la crianza de sus hijos.
*Participar una vez al mes en el Programa Viva la Educación de Radio Internacional.
*Colaborar con Portéame y Mil y Una Crianzas.


¿Quién sabe qué nos deparará? Me dejo sorprender.



Hoy especialmente quiero daros las GRACIAS por vuestros "me gusta" y por seguir lo que escribo y haber superado las 9.000 visitas; porque un blog no tiene vida sin seguidores ni comentarios.
Y sobre todo quiero daros las GRACIAS por vuestro apoyo y vuestro cariño.  Porque no podemos caminar solos en la vida.

¡Sin vosotros no sería posible!
 ¡¡GRACIAS!!



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