jueves, 29 de junio de 2017

¿Cómo pongo límites y normas a mi hijo?

En el post anterior me preguntaba por qué nos preocupa tanto cómo poner límites a nuestros hijos, qué son los límites y la diferencia entre ser padres permisivos o autoritarios. 

Hoy os voy a contar brevemente qué podemos esperar de los niños según su edad para poder entenderles y enseñarles mejor. Y para terminar os daré unas claves para establecer normas desde el respeto y con mucho amor.

¡Empezamos!

De 0-2 años
En esta edad los niños son pura necesidad. Necesidad que pasa por la supervivencia. Necesitan comer, dormir, sentirse protegidos y amados. Y para todo esto necesitan a mamá o papá cerca, y si están los dos siempre prefieren a mamá (¡qué tendremos las madres!).
En esta etapa no hay límites. Las necesidades de los bebés no las podemos limitar. Por eso la lactancia y el sueño son a demanda, sin horarios, y tenemos que ofrecerles todo el cuidado y atención que necesitan. Aunque no seamos conscientes, no atenderles como ellos esperan y necesitan es contraproducente y perjudicial para ellos. (Sí, son muy demandantes y es muy cansado, quizás no te lo dijo nadie antes de ser madre. Ahora ya lo sabes, así que atiéndele cómo se merece. Ser madre es una entrega total, cansada pero reconfortante).

El único lenguaje que tienen con esta edad es la queja y el llanto. Si el niño está bien, calla; si se siente mal, llora. El problema es que muchas veces los adultos no somos capaces de entenderles. No lloran por maldad. No tienen malos comportamientos y tampoco podemos decir que tienen rabietas. Detrás del llanto de un niño siempre hay una causa, así que hay que atender el llanto hasta que averigüemos el motivo. El niño tiene una necesidad o una molestia y lo que quiere es que se la solucionemos porque él solo no puede.
Ante la duda de por qué llora nuestro bebé y no saber qué hacer, siempre funciona cogerle en brazos. Pero “todo el mundo dice que le voy a malcriar”. ¡Cógele! Si sientes que debes hacerlo, ¡hazlo! Los bebés sólo necesitan cariño y tener a mamá y papá cerca. La necesidad de contacto de los bebés es casi continua y si no se la damos nos la reclamará. Si dejas llorar a tu bebé se sentirá desprotegido. Si le haces caso cuando llora sabrá que mamá y papá siempre están cuando les necesita. No le vas a malcriar. Estás criando un bebé sano, feliz, seguro y con autoestima, que cuando crezca sabrá que sus padres siempre están a su lado cuando les necesita. Atenderlos siempre no es sinónimo de malcriar, sino de educar correctamente.

A partir del año comienzan a decir algunas palabras y a utilizar gestos que nos facilitan la comunicación. También comienza a coger cosas y a moverse (se gira, se sienta, gatea, se pone de pie, camina). Igual que no podemos regañarle por caerse de la cama porque ha aprendido a girarse (es responsabilidad nuestra no dejarse solo), no podemos regañarle porque coge un jarrón de cristal o tira del mantel y se cae todo. El niño está descubriendo el mundo que le rodea, que para él es apasionante. Somos los adultos los que tenemos que ofrecerle un espacio seguro donde poder desarrollar todas sus capacidades. Tapa los enchufes y quita de su alcance las cosas peligrosas o que no quieras que estropee. Es tu responsabilidad, no le culpabilices a él. Si ocurre un accidente él será el primero que se asuste. Abrázale y explícale amorosamente qué ha sucedido, aunque creas que es sólo un bebé y no te entiende poco a poco irá comprendiendo.

De 2-4 años
A partir de los 2 años, los niños comienzan a estar preparados para hablar y razonarComienzan a tener ideas propias y a darse cuenta de que son personas diferentes a las que les rodean. Es la etapa de las rabietas, porque el niño tiene unas ideas y unas razones muy importantes para él, y hasta que no entienda que las nuestras son mejores las va a defender.

A veces los límites que les queremos poner a esta edad son cuestionables, porque dependen de nuestra cultura o de la educación que hemos recibido. Por eso, no debemos ponerles miles de normas y decirles que NO a todo. Tenemos que ponerles pocas normas, pero que sean claras.

Cuando no hacen caso o “se saltan las normas” lo único que están intentando comprobar es si lo que le hemos dicho es de verdad tan importante. Por eso, si nuestro hijo defiende su postura o hace una rabieta, nosotros tenemos que mantener siempre nuestra palabra, porque si acabamos cediendo, para que el niño no monte una pataleta o la líe en público, le estamos "enseñando" inconscientemente que realmente no era tan importante lo que le estábamos pidiendo y lo que conseguimos es que por norma no nos haga caso.

Hay límites incuestionablesSon aquellos que le protegen de dañarse y dañar a los demás, como no se pega ni se daña a nadie (no se muerde, no se empuja, no se araña....). Es cierto que esta etapa todavía es muy sensorial y muchas veces se relacionan con sus iguales pegando y mordiendo. Debemos explicarles amorosamente pero con firmeza que ese comportamiento no está bien y por supuesto ser coherentes y no regañarles pegándoles nosotros. 

En esta etapa los niños siguen siendo muy demandantes. Piden muchas cosas permanentemente. "Mamá ven", "mamá mira", "mamá, mamá, ¡mamá....!". Para nosotros es muy cansado (sobre todo si pasamos mucho tiempo con ellos y tenemos varios hijos) y con las miles de cosas que siempre tenemos que hacer solemos decirles que NO a todo"Ahora NO puedo", "Espera", "Más tarde". Inconscientemente el mensaje que se les queda es que no hay que atender las demandas que te hagan, por eso, cuando nosotros les pedimos que nos hagan caso (¡a la primera!), no lo hacen (si mis padres no me hacen caso (a la primera) cuando yo les pido algo...que insistan como insisto yo). 

De 5-8 años
En esta etapa el niño ya sabe cuáles son las normas y cómo debe comportarse, siempre que le hayamos puesto las normas adecuadas y claras. En este momento los problemas que surgen son de convivencia y comportamiento porque el niño no hace lo que nosotros esperamos. Es el momento en el que los niños empiezan a cuestionarse las cosas (cada vez más a medida que se acercan a la adolescencia). Hasta ahora las normas les han permitido moverse y decidir con autonomía y libertad dentro de un "recinto seguro". Ahora, poco a poco se van midiendo con las normas y propuestas que les hacemos para descubrir si son realmente buenas y necesarias para ellos.

  
¿Cómo poner límites y enseñar normas a nuestro hijo?

Como hemos visto, lo primero de todo es saber en qué momento de su desarrollo se encuentra nuestro hijo y qué podemos esperar de él
Los límites tenemos que ponerlos porque son necesarios, pero siempre desde el respeto: sin gritar, sin castigar, sin amenazar, sin chantajear. 
Educar con apego y con amor, no quiere decir dejarles hacer lo que quieren. Y diréis: "Pero hasta que no le doy un grito no me hace caso". Párate a pensar si realmente te hace más caso porque le gritas o lo hace por miedo al castigo o las represalias. A lo mejor sigue sin hacerte caso aunque le gritas. ¿Seguro que gritarle te está surtiendo efecto? (Si quieres puedes leer más sobre Educar sin gritar en este post)

La mayoría de las veces, sobre todo cuando son pequeños, no van a entender los límites que les ponemos, pero poco a poco los irán entendiendo y los aceptarán mejor si se lo decimos de forma que ellos se sientan queridos, respetados y de que lo decimos por su bien.

1. Ponte a su altura, mírale a los ojos y habla sin alzar la voz.
2. Dile frases cortas y fáciles de entender“En casa no se juega a la pelota"
3. Dale explicaciones: Educar en valores implica explicarle a los niños por qué se hacen las cosas, las consecuencias o las reglas. Responder con un “porque sí” o “porque no” no es válido. "En casa no se juega a la pelota porque no hay espacio y se pueden romper las cosas".
4. Empatiza con tu hijo y escúchale para conocer su punto de vista.
5. Dale nuevas alternativas: Al darle a escoger el pequeño sentirá que tiene libertad para elegir y que le tienes en cuenta. Evitarás que te desobedezca porque le impusiste una tarea. Hazle partícipe y se sentirá útil. Si no quiere bañarse porque está muy entretenido jugando o viendo la tele puedes decirle: cuando mamá ponga la mesa o cuando acabe el capítulo nos bañamos (recuerda que los niños no saben qué son 10 minutos ni cuánto duran). O si tiene que recoger antes de irse a dormir le puedes preguntar si quiere recoger antes o después de bañarse o de cenar.
6. No le digas que es malo: él no es malo, es mala su conducta. No le censuramos a él, sino a su conducta, por eso nunca rechaces al niño por una travesura o mal comportamiento. 

“Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite” (R.L. Stevenson. Dr. Jekyll y Mr. Hyde)


Si el límite o la norma ya se ha quebrantado tenemos que asumirlo. Intentar conseguir lo que uno quiere o necesita no es malo en sí mismo. Nuestra función es retomar y volver a la situación de seguridad o volver a explicar el porqué de la norma.
7. Cuida tu temperamento: no dejes que tu enfado o falta de control te hagan arrepentirte de cómo le tratas. Primero cálmate para no gritarle y luego corrige con firmeza pero de forma amorosa. En el siguiente post escribiré sobre cómo gestionar nuestro enfado y el de nuestros hijos.
8. No incumplas tus propias reglas y predica con el ejemplo: Las normas se imponen y son para cumplirse. No es aceptable que antepongas lo que él desea sólo porque no haga una pataleta y tampoco es aceptable que tú no cumplas una norma que le pones a él, por ejemplo, “en la mesa no se come con el móvil”.


Para educar se necesita tiempo, paciencia (mucha paciencia)comprensión y respeto. Y es cansado (muy cansado) hay que repetirles las cosas miles de veces, pero es necesario perseverar.

Nadie dijo que fuera fácil. 
Muchas veces se trata de "desaprender lo aprendido"
¡Y cuántas cosas aprendemos y desaprendemos educando a nuestros hijos!




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Libros recomendados:
Ni rabietas ni conflictos, Rosa Jové 
Aprender a educar, Naomi Aldort
Ser padres desde el corazón, Inbal Kashtan

Fuentes:
Ni rabietas ni conflictos, Rosa Jové 
http://www.psicologiaycrianza.com 
http://www.miriamtirado.com/es/ 
http://mamaom.es/

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