viernes, 23 de junio de 2017

¿Por qué nos preocupa tanto cómo poner límites a los niños?

Hoy voy a tratar un tema que a muchos padres nos preocupa. Pero antes de entrar en materia, que da para mucho, lo primero que quiero decir es que la palabra “límite” no acaba de convencerme.

¿Qué es un límite? 
¿Los adultos tenemos límites?
¿Nos gusta vivir limitados o queremos vivir plenamente desarrollando todo nuestro potencial?

Límite suena a controlar y a oprimir los impulsos, imponiendo el criterio del adulto por encima del desarrollo del niño y su necesidad. En una educación autoritaria realmente es así; estamos cansados de oír el “porque yo lo digo, ¡y punto!” y de ver a los adultos dirigirse a los niños de forma agresiva y con amenazas. Pero hacerlo así no es educativo, el niño hará lo que le digamos por miedo al castigo o las represalias y nosotros lo que queremos es que lo haga porque es bueno para él, llegando el momento en que lo entienda y lo haga porque sale de él sin que nosotros tengamos que decírselo, porque es responsable, capaz y autónomo.

Creo que cuando hablamos de límites referidos a los niños, lo que en realidad queremos decir, o por lo menos a lo que yo quiero referirme, es a cómo ponerles normas. Y más que “ponerles” diría cómo hacerles entender ciertas normas básicas (e incluso iría un poquito más allá, y diría cómo ayudarles también a adquirir actitudes y comportamientos buenos y valiosos) a nivel personal, familiar y social que les permitan desarrollarse como personas y poder relacionarse adecuadamente con los demás.

Las normas son esenciales y deben permitir a los niños distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, lo que es bueno o malo para ellos y para los demás, lo que es peligroso, etc. Además nos permiten aprender a ser educados y a respetar a los demás. En definitiva, el niño debe aprender, con la ayuda del adulto, a descubrir por sí mismo lo que es bueno y adecuado.

Los niños necesitan normas claras, aunque a medida que crezcan sean cuestionadas. Tener normas les permite moverse y decidir dentro de un “recinto seguro” en el que van a moverse con autonomía y libertad sin hacerse daño ni dañar a nadie. Con el tiempo podrán medirse frente a esa propuesta o norma y descubrir entonces si realmente es buena y necesaria para ellos.

Está claro que hay normas que no son cuestionables; como por ejemplo: “No se meten los dedos en el enchufe” o “No se pega”, pero debemos explicarles siempre el porqué.

Si a los niños no les ponemos normas o las normas que les ponemos son arbitrarias o poco claras el niño se siente confuso y desprotegido. Los niños están aprendiendo y necesitan saber que papá y mamá tienen “el control” y que si pasa algo le van a ayudar. Si se siente confundido, le costará más hacer caso, porque no sabe si es que "sí" o que "no" o si finalmente va a poder hacer "lo que él quiere". Un niño “sin límites” buscará todo el tiempo que se los pongas porque necesita de ellos y él todavía no es capaz de ponérselos. 


Freepick

¿Por qué nos preocupa tanto el tema de cómo poner límites a los niños?

Quizás a esta pregunta podáis contestar mejor vosotros. Yo lo que creo es que tenemos miedo a ser autoritarios o a pecar de ser demasiado permisivos. No sabemos dónde está el término medio y no queremos educar niños consentidos y malcriados.

Que nuestros hijos no nos comprendan, tengan rabietas o tengan su propio punto de vista sobre lo que les decimos cuando les ponemos límites es algo que nos pone nerviosos, nos enfada e indigna, hasta tal punto que a veces acabamos gritando y amenazándoles y, por el contrario, otras veces nos volvemos blandos y, para que el niño no haga una pataleta, cedemos en nuestro límite y entonces lo que le decimos no habrá servido de nada.

¿Será que no tenemos referentes a nuestro alrededor de los que aprender?

Los padres permisivos muchas veces son aquellos que no saben cómo poner límites o qué límites poner. Otras veces son aquellos que pasan poco tiempo con sus hijos e intentan compensarles de alguna manera o no quieren enfrentarse a ellos. Si tendemos a ceder y el niño siempre se sale con la suya, pensará que siempre tiene que ser así. Le costará relacionarse y pondrá su felicidad en las cosas materiales y en la satisfacción de sus deseos. El niño tiene que aprender que puede sentirse bien a pesar de no conseguir lo que quiere.

Los padres que se pasan de autoritarios son aquellos que ponen un montón de límites, muchos arbitrarios y sin sentido, y viven la relación con sus hijos en “aquí mando yo” y “porque yo lo digo” y en un forcejeo de "a ver quién puede más". Quizás sus padres eran así y no conocen otra forma de educar o a lo mejor intentan compensar que tuvieron padres que no les atendían lo suficiente y es su forma de proteger a sus hijos.

Parece complicado, pero lo importante es que nosotros, adultos, tomemos conciencia de cómo hemos sido educados y de cómo queremos educar; de cómo les tratamos y de cómo resolvemos los conflictos.

Los niños aprenden con nuestro ejemplo, por eso, para ponerles normas hay que comenzar a enseñarles con nuestra forma de actuar.

En el próximo post os contaré cómo poner límites y normas a nuestros hijos y veremos qué podemos esperar de ellos en cada etapa evolutiva. 

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Fuentes:
Ni rabietas ni conflictos, Rosa Jové
http://www.psicologiaycrianza.com
http://www.miriamtirado.com/es/
http://mamaom.es/

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